Tuesday, November 26, 2013

Silencio, para dar gracias...


A la llegada del otoño le siguen, los días serenos que nos arropan el alma con su quietud. Parece que el tiempo no avanzara. Es como si al estar en el medio de una calle, todo se paralizara. Es el tiempo en que los pájaros anuncian con su llegada, su huida de los gélidos vientos del norte. Es el tiempo en que acontece, un disparate en el entendimiento con la luz, y en el que hay un silencio profundo que produce, demasiado ruido en el corazón. Y es también, el tiempo que escogemos, para agradecer...

Tal vez no haga falta el otoño, pero de repente sea necesario ese: silencio, para dar gracias... Por todas las bendiciones recibidas. Por la bella familia que tenemos, por los amigos con que contamos, por las dificultades que a diario enfrentamos. Por las tristezas, por todas las alegrías... y darte gracias Señor, para seguir siendo merecedores de Tu amor, que nos brindas con paciencia, bondad y tanta Misericordia.

Feliz Día de Acción de Gracias para todos!


Sunday, October 27, 2013

La Vaca Blanca

(Andrés Eloy Blanco)

De un amor que pasó, como un paisaje
visto del tren, cuando se va de viaje;
de un romance de un mes, en un cobijo
del llano, una mujer me dejó un hijo.

Ella Murió, y abrieron una fosa,
y allí metieron el residuo humano,
y una cúpula azul sobre una losa
fué el mausoleo: el cielo sobre el llano.

Y me dejó un pequeño
así de grande y como flor de harina,
con unos ojos como para un sueño
y el laberinto de su lengua china.

Yo vine de muy lejos para verle. Tenía
las pestañas muy largas; me miró fijamente
y me mostró la lengua bajo la calva encía,
con una picardía de granuja que dice:
"Qué me verá esta gente?"

Tuvo hambre. Yo anduve de covacha en covacha
comprándole su leche al niño ajeno;
cada vez que encontraba una muchacha,
con cierta gula le miraba el seno.

Había seis mujeres:
eran cinco doncellas y una vieja arrugada;
eran diez pechos para los placeres
y dos que no servían para nada.

Pasé por el corral y hallé en la puerta
la vaca blanca y su ternera muerta.
Y se vino hacia mí la vaca blanca,
una estrella en la frente y una cruz en el anca...

Mi niño era de nieve; su ternera, de armiño;
por su ternera, yo le di mi niño.

Y en aquel despertar por la mañana,
 cuando rompía el sueño
el mugir de la vaca en la ventana,
y el breve ordeñador iba al ordeño.

Y aquella boca en el pezón colgante,
y aquel mirar de vaca, mansamente,
y después, él delante
del testuz, y la vaca le lamía la frente.

Hoy le enterramos. Vino
la fiebre, y en dos días se me fué. En el camino
he encontrado la vaca; por la tierra albariza
se acercaba a lo lejos su dolor de nodriza...

Los dos nos arrimamos, y se puso a mirarme;
en la frente dolida se le avivó el lucero,
y sus remotos ojos parecían hablarme
del dolor que le daba de perder mi ternero.

Y la nodriza y todo
cuanto del llano tuve, se me quedó en el llano.
La vaca me miraba, me miraba de un modo,
que yo sentí la angustia de tenderle la mano...


Sunday, September 29, 2013

Usa el bastón!


Estaba en el texto del correo que una amiga me envió:

"Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Sigue, aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay dentro de tí.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar,
usa el bastón!
pero nunca, nunca te detengas."

En este andar por este mundo nos enfrentamos con la ingratitud de los cambios con que el tiempo nos obsequia y en cómo éstos repercuten en nuestro organismo. Por diferentes razones, algunas personas se ven en la necesidad de utilizar algún artefacto, como por ejemplo: un bastón, para asistirse para una mejor movilidad y desplazamiento. Por supuesto, como consecuencia, esto trae consigo una transformación en la apariencia física, y en la muy apreciada: elegancia.

Pero no quedándonos contentos y resignados, indagando un poco en la web, descubrimos todo un mundo alrededor del bastón, instrumento que a diario observamos en quienes lo utilizan y desde nuestra vista, luce como algo corriente y aburrido. Pero NO!, el bastón tiene lo suyo. Haciéndole justicia, el bastón tiene su alcurnia, su linaje y toda una historia.

Este pequeño y gran artilugio, ha acompañado siempre al ser humano, utilizándose como accesorio en el vestir, como cetros en las monarquías, instrumento para tomar medidas, como arma para defenderse, como instrumento de juegos, y un largo etcétera.

Aparte de haber fungido como herramienta para un sin número de usos, data desde épocas antiguas que el bastón, se haya convertido de ser, una herramienta de alguna utilidad, de que haya pasado a través de su historia por las grandes pasarelas de la moda universal, a un accesorio con signos de poder con la aparición de los bastones de mando, sin olvidarnos de los bastones que sirven como herramienta para que las personas invidentes puedan orientarse y de los que imprimen solemnidad en los rituales religiosos.

A través de su historia, el bastón se convierte en un signo de distinción para las clases privilegiadas. Muchos retratos de personajes eminentes aparecen empuñando bastones como un símbolo de distinción y aristocracia, pasando a formar parte de las últimas creaciones de la moda, pues acompañado de un sombrero y unos guantes, daba el último toque en materia de elegancia y distinción.

El descubrimiento de américa, aumenta la diversidad en las creaciones, debido a la gama de nuevas maderas hasta ahora desconocidas, que permitieron la innovación en nuevos ejemplares a los que inclusive se le agregaban incrustaciones en oro y piedras preciosas.


En fin, todo muy interesante, hasta ahora. Pero... qué pasa, cuando hay que utilizarlo porque no nos queda más remedio? Cuando no nos gusta, no queremos, no nos acostumbramos, a usar un bastón? Porque para ser honestos, para qué utiliza hoy día el bastón el común de los mortales si no es para, no caerse! y poder seguir adelante sin que la dignidad se encorve por la vida, faltaba más!

Hoy día el bastón ha quedado en desuso como accesorio en las etiquetas del buen vestir, ya no embriaga más con su prestancia. El bastón, ha pasado a ser el compañero en la vida de muchos, o mejor, en el caminar de muchas personas. Es sólo que a veces, cuesta aceptarlo como compañero inseparable. Sé, de quienes optan por no salir de casa debido a tener que llevarlo consigo. 

Con el correr del tiempo te das cuenta de una cosa, y es que: la edad no perdona, o tal vez, los huesos? Sí, son los huesos, y no un bastón deba hacernos dejar de cruzar el umbral y disfrutar de la vida.

En todo caso la elegancia, con bastón o sin él, no va escrita en la etiqueta de la ropa que llevamos puesta, ni en el bastón que nos acompaña. La elegancia no tiene un valor monetario, ni depende de una apariencia externa, es un gesto, un don de gente, es un sentarse junto a la vida y mirarla con garbo y amabilidad. Además, la elegancia nunca nos abandona, sólo tenemos que tratarla bien y decirle...

"... siempre estarás conmigo, aunque tú no lo quieras, pues la elegancia se lleva, por dentro, además de por fuera... "








Thursday, September 19, 2013

Buenos Días BLog!

Buenos días blog, estás de cumpleaños!

Monday, August 5, 2013

Si no hablas...


 

Si no hablas,
llenaré mi corazón de tu silencio
y lo guardaré conmigo.
Y esperaré quieta,
como la noche en su desvelo estrellado,
hundida pacientemente mi cabeza.

Vendrá sin duda la mañana
y se desvanecerán las sombras.
Y tu voz se derramará por todo el cielo,
en arroyos de oro
y tus palabras volarán cantando,
en cada uno de mis nidos
y tus melodías estallarán en flores
por mis profusas enrramadas.

Friday, August 2, 2013

Canción del Amor Lejano

(José Angel Buesa)

Ella no fué entre todas la más bella,
pero me dió su amor más hondo y largo...
Otras me amaron más y sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fué porque la amé de lejos
como una estrella desde mi ventana,
y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor, como una cosa ajena,
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brasos sin ser mía
como el agua en un cántaro sediento,
como un perfume que se fué en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre la llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fué lo cercano y lo remoto
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío
como la luz, en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dió el amor más hondo y largo...
nunca fué mía, no era la más bella,
otras me amaron más y sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Sunday, June 23, 2013

La hija de Jairo

(Andrés Eloy Blanco)

"Yo la amaba, la amaba!... Quedó yerta;
La muerte al fin le marchitó las rosas...
Yo estaba cerca de la niña muerta,
llorándole las manos luminosas...

Yo la amaba, la amaba!... Sus colores
eran de rosa en la mañana aquella
y el rosa huyó como al morir las flores 
cuando llegó la muerte junto a ella.

Blanca, blanca!... Que blanca se me puso!
Como se disolvió con la blancura!
Su mano completó la vestidura...
Como prolonga el algodón el huso!...

Yo la amaba, la amaba!... Voces buenas
clamaron lejos: -!El rabí ha tornado!-
Jairo partió en su busca y a mi lado
La blanca niña era una nube apenas...

Llegó el rabino. Y todos fueron mudos.
Silenció su plañir la plañidera...
Llegó el rabino de los pies desnudos,
Maduro el trigo de la cabellera...

No es muerta... duerme!... el tañedor reía...
No es muerta... duerme!, y Jairo sollozaba...
y era una nube así la niña mía
y a su lado, temblando, yo la amaba...

-No es muerta... duerme!... y le ordenó: Levanta!
Y ella se alzó, delgada del martirio,
Y una voz le subió por la garganta
como una abeja que abandona un lirio.

Y yo la amé de nuevo, resurrecta;
Su misma voz, su misma luz tenía,
Pero la muerte la dejó perfecta
Con la blancura de morirse un día...

Murió de nuevo un día... Yo la amaba,
mas sin remedio, se murió ese día...
-Vuelve, Rabino, vuelve!... yo clamaba,
pero el Rabino rubio no volvía.

Pasó la niña veinte siglos muerta,
Murió Cafarnaum de Palestina,
y el alma mía, inútil y desierta,
lloraba inmortal sobre la ruina.

Yo la amaba, la amaba!... Su blancura
la buscaba en la blanca nebulosa.
Su cabellera entre la noche oscura 
y en el poniente su color de rosa...

Y al fin la hallé... escondida entre los tules
de una puesta de sol, estaba Ella;
su carne inmóvil entre dos azules
inauguraba la primera estrella...

Y la encontré más blanca todavía,
flotando en el azul, sin vestidura,
Que blanca estaba así!... la niña mía
tras veinte siglos de blancura...

Clamé al amor entonces... Voces buenas
dijeron a lo lejos: Te he escuchado!
Clamé al eterno Amor... y a mi lado
La blanca niña era una nube apenas...

Llegó el amor. Los cielos fueron mudos,
Su leve paso silenció la esfera,
Llegó el eterno amor de pies desnudos,
Maduro el trigo de la cabellera...

No es muerta... duerme!... y le ordenó: Levanta!
Y ella se alzó, delgada de martirio,
y una voz le subió por la garganta
Como una abeja que abandona un lirio.

Y ha vuelto a mí... su cabellera oscura,
Su misma voz... pero en la mano fría
Con veinte siglos de amasar blancura
Persiste el miedo de morirse un día..."