Sunday, June 23, 2013

La hija de Jairo

(Andr茅s Eloy Blanco)

"Yo la amaba, la amaba!... Qued贸 yerta;
La muerte al fin le marchit贸 las rosas...
Yo estaba cerca de la ni帽a muerta,
llor谩ndole las manos luminosas...

Yo la amaba, la amaba!... Sus colores
eran de rosa en la ma帽ana aquella
y el rosa huy贸 como al morir las flores 
cuando lleg贸 la muerte junto a ella.

Blanca, blanca!... Que blanca se me puso!
Como se disolvi贸 con la blancura!
Su mano complet贸 la vestidura...
Como prolonga el algod贸n el huso!...

Yo la amaba, la amaba!... Voces buenas
clamaron lejos: -!El rab铆 ha tornado!-
Jairo parti贸 en su busca y a mi lado
La blanca ni帽a era una nube apenas...

Lleg贸 el rabino. Y todos fueron mudos.
Silenci贸 su pla帽ir la pla帽idera...
Lleg贸 el rabino de los pies desnudos,
Maduro el trigo de la cabellera...

No es muerta... duerme!... el ta帽edor re铆a...
No es muerta... duerme!, y Jairo sollozaba...
y era una nube as铆 la ni帽a m铆a
y a su lado, temblando, yo la amaba...

-No es muerta... duerme!... y le orden贸: Levanta!
Y ella se alz贸, delgada del martirio,
Y una voz le subi贸 por la garganta
como una abeja que abandona un lirio.

Y yo la am茅 de nuevo, resurrecta;
Su misma voz, su misma luz ten铆a,
Pero la muerte la dej贸 perfecta
Con la blancura de morirse un d铆a...

Muri贸 de nuevo un d铆a... Yo la amaba,
mas sin remedio, se muri贸 ese d铆a...
-Vuelve, Rabino, vuelve!... yo clamaba,
pero el Rabino rubio no volv铆a.

Pas贸 la ni帽a veinte siglos muerta,
Muri贸 Cafarnaum de Palestina,
y el alma m铆a, in煤til y desierta,
lloraba inmortal sobre la ruina.

Yo la amaba, la amaba!... Su blancura
la buscaba en la blanca nebulosa.
Su cabellera entre la noche oscura 
y en el poniente su color de rosa...

Y al fin la hall茅... escondida entre los tules
de una puesta de sol, estaba Ella;
su carne inm贸vil entre dos azules
inauguraba la primera estrella...

Y la encontr茅 m谩s blanca todav铆a,
flotando en el azul, sin vestidura,
Que blanca estaba as铆!... la ni帽a m铆a
tras veinte siglos de blancura...

Clam茅 al amor entonces... Voces buenas
dijeron a lo lejos: Te he escuchado!
Clam茅 al eterno Amor... y a mi lado
La blanca ni帽a era una nube apenas...

Lleg贸 el amor. Los cielos fueron mudos,
Su leve paso silenci贸 la esfera,
Lleg贸 el eterno amor de pies desnudos,
Maduro el trigo de la cabellera...

No es muerta... duerme!... y le orden贸: Levanta!
Y ella se alz贸, delgada de martirio,
y una voz le subi贸 por la garganta
Como una abeja que abandona un lirio.

Y ha vuelto a m铆... su cabellera oscura,
Su misma voz... pero en la mano fr铆a
Con veinte siglos de amasar blancura
Persiste el miedo de morirse un d铆a..."